miércoles, 27 de enero de 2016

UN LUGAR PARA MARÍA EN MEDIO DE LA PAMPA ARGENTINA


Historia de la Basílica de Luján, desde el lugar del Milagro hasta nuestros días.

http://www.cronicasconalma.com.ar/lo-sabias-un-lugar-para-maria-en-medio-de-la-pampa-argentina/

sábado, 23 de enero de 2016

El Negro Manuel: "soy de la Virgen, nomás!".

El negro Manuel y La Virgen de Luján se encontraron por primera vez en Brasil y juntos emprendieron el significativo viaje hasta el Río del Plata para bien de tantas almas que se acercaron a Ella. En Argentina la imagen de la Virgen lo asoció de tal manera a su persona, que se convirtió en el “esclavo de María” hasta su muerte, ocurrida con fama de santidad. Fue enterrado detrás del altar de la primera capilla de la Virgen o capilla Montalvo, muy cerca de la actual Basílica.
¿Quién era el Negro Manuel? Su nombre original no lo conocemos porque fue arrancado de su familia por negreros y traficantes de esclavos portugueses que operaban en el golfo de Guinea. Concretamente el Negro Manuel era de Costa de los Ríos de Guinea. De ahí lo llevaron a la isla de Santiago, en el archipiélago del Cabo Verde.
En la isla recibió la formación catequista de los padres jesuitas que, finalmente, lo bautizaron con el nombre Manuel, tal como se lo conocerá.
De las islas del Cabo Verde partió con los demás esclavos hasta la ciudad de Olinda o puerto de Recife en Brasil, donde serían vendidos. A Manuel lo compró un marino portugués llamado André João que lo tuvo a su servicio.
Un día André João recibió una visita de un amigo que le pedía de parte de Antonio Faría de Sá, propietario de un campo en Sumampa, en el sur de Santiago del Estero, que le enviase una imagen de la Virgen para la capilla del campo. No se las envió sino que la llevó él mismo.
Se compraron dos imágenes para que se llevaran hasta Sumampa, por si alguna se podía romper a causa del viaje. Hacia allí partió este marino portugués acompañado del Negro Manuel, con el que se había encariñado.
Al llegar a Buenos Aires André fue afectado por una enfermedad que le hizo temer un desenlace fatal. Como consecuencia de esto decidió entregarle a su amigo Bernabé González Filiano el Negro Manuel y se dispuso seguir hasta Sumampa para cumplir con el encargo que le habían dado.
Don Bernabé por su parte, envió al Negro Manuel a uno de sus campos, a diez leguas de Buenos Aires, en las orillas del río Luján. En realidad ese campo pertenecía a su hijastro –menor de edad- llamado Rosendo, de ahí que el lugar se lo llamase con el tiempo lo de Rosendo.
Un día, a comienzos de mayo de 1630, pasaron por lo de Rosendo, haciendo noche, las carretas que iban a Sumampa con el antiguo amo del Negro Manuel, André João. Allí se produjo el milagro de la Virgen Inmaculada que luego se llamaría la Virgen de Luján. El relato del milagro lo dejamos para otra oportunidad; sólo diremos ahora que la imagen quedó en lo de Rosendo, al cuidado del Negro Manuel. A los pocos años se le construyó una capillita de barro donde sería guardada.
El Negro Manuel cumplió su encargo a la perfección, llevándole flores a la Virgen y manteniendo siempre una vela encendida con aceite a los pies de la Inmaculada. En 1636 el Obispo de Buenos Aires elevó la capilla al rango de Parroquia.
En cierta ocasión fue desde Buenos Aires hasta allí una joven esclava llamada Beatriz. Atraído por la forma de ser de Beatriz, Manuel se enamoró de ella y terminaron casándose. Al parecer no tuvieron hijos. La vida le tenía reservada otra gran pena al Negro Manuel porque Beatriz falleció joven. Lleno de dolor la enterró cerca de la capilla, a orillas del río Luján.
El camino que iba al norte del país dejó de pasar por lo de Rosendo, sino a cierta distancia por lo que, aquel lugar quedó aislado o abandonado por los peregrinos que aprovechaban su viaje para saludar a María. Después Rosendo se hizo sacerdote y le dejó a su hermanastro Don Juan de Oramas la administración de la estancia. Todo indicaba que aquel lugar donde estaba la Virgen milagrosa caería en el olvido.
Providencialmente una señora cordobesa llamada Ana de Matos le propuso a Don Juan comprarle la imagen para llevarla a su campo, también cerca del río Luján, sólo que el precio de venta no incluía al Negro Manuel.

Llevada la Virgen a la capilla del campo de Doña Ana de Matos, de noche desaparecía, y aparecía milagrosamente en la capilla de barro de lo de Rosendo. Esto ocurrió un par de veces hasta que finalmente se tomó la decisión de hacer un traslado más solemne acompañando a la Virgen en procesión. El Negro Manuel estuvo en el traslado de la imagen y se quedó con Ella.
Por este motivo se entabló un juicio sobre la propiedad del Negro Manuel… En declaración de este en el proceso repetía: soy de la Virgen, nomás. Después de tres años que duró el juicio, aporte de vecinos de por medio, se compró al Negro Manuel para que quedara definitivamente al servicio de María: “para siempre esclavo de María”.
Pasados los años Ana de Matos quiso hacerle una capilla digna a la Virgen, para lo cual emprendió con gran esfuerzo y entusiasmo dicha tarea. Por su parte, Manuel rezaba para que se terminase la ansiada capilla en el menor tiempo posible.
La piadosa señora empezó a vestir a la Virgen con un manto bordado que, sin duda, la embellecía, pero también se llenaba de abrojos, señal cierta que la Virgen salía a atender a los necesitados en medio del campo, para incomprensión del Negro Manuel. Este, con el aceite de la lámpara y con la infusión hecha de los abrojos del manto, hizo muchas curaciones.
Una vez escuchó en su oración personal que la Virgen le decía mañana llegará un sacerdote enfermo buscando salud. Yo lo curaré con tu ayuda. Él es el elegido para terminar mi templo… En efecto, al otro día llegó a Luján el Padre Montalvo, quien padecía gravemente de asma. Manuel presuroso le puso aceite de la lámpara de la Virgen en el pecho y el sacerdote se restableció. Al tomar después la infusión de abrojos que le prepararon quedó totalmente restablecido por lo que pudo dedicarse a terminar la capilla. En un año logró su propósito; la Virgen ya tenía casa propia.
El tiempo pasaba y el Negro Manuel envejecía simultáneamente que crecía en él su amor a la Virgen. Mientras sufría su última enfermedad la Virgen le reveló que moriría un viernes y que al sábado siguiente lo llevaría al cielo. Las cosas ocurrieron así, porque falleció en un día viernes.
Fue atendido en su último momento por el Padre Montalvo quien le aseguró que él se ocuparía de cuidar a la Virgen.
El Negro Manuel fue sepultado, como dije, detrás del altar de la Capilla construida por el Padre Montalvo. “A comienzos de 2014, un equipo de historiadores liderados por Jesús Binetti y Federico Suarez, de la Universidad de Luján y del Instituto Mignone, protagonizaron un descubrimiento asombroso: guiándose por documentos históricos localizaron el antiguo templo en lo que hoy es una playa de estacionamiento, al lado de la Basílica. Es bastante probable que allí, entre los vestigios de la pequeña capilla, estén los restos del Negro Manuel y del padre Montalvo”.
Si bien su proceso de canonización no ha sido iniciado, hay reuniones de oración comunitaria pidiendo su beatificación.
El Padre Presas, conocido historiador de Luján, compuso en el año 1975 la oración para pedir por su glorificación: “Señor Dios, te pedimos humildemente que te dignes glorificar a tu siervo, el Negro Manuel, el fiel esclavo de la Virgen de Luján. Amén”.

http://www.cronicasconalma.com.ar/historiasqueinspiran-soy-de-la-virgen-nomas/

domingo, 17 de enero de 2016

UNA ADVOCACIÓN POCO CONOCIDA: NUESTRA SEÑORA DE LA EUCARISTÍA.

En el link que te dejo a continuación, podrás conocer la historia de esta advocación poco conocida. Tiene su origen en Tucumán y su difusión se va extendiendo hacia otras partes. Esta es la primera parte de la historia relatada por la misma protagonista. Por eso tiene el carácter de testimonio, es decir, el relato tiene mucho valor.  http://www.cronicasconalma.com.ar/category/opinion/

sábado, 9 de enero de 2016

BAUTISMO DE JESÚS

Los orientales tienen la fiesta de la Epifanía cargada de simbolismos porque celebran ese día distintos misterios de la vida de Jesús: Nacimiento, manifestación a los pastores, manifestación a los Reyes Magos y el Bautismo del Señor. Por eso aprovechan tanto en la Pascua como en la Epifanía, para bautizar. Los latinos en cambio, desdoblamos esos misterios en distintos días: Navidad, por un lado, Epifanía por otro... y el Bautismo del Señor. Más aun, el próximo domingo celebraremos las Bodas de Caná, otra epifanía. Es decir, la Navidad se extiende sobre el calendario y nos anima a celebrarla en sus distintos aspectos.
Del mismo modo que asistimos a un Bautismo familiar -con alegría- deberíamos vivir la fiesta del Bautismo del Señor, o incluso con más emoción porque el Espíritu Santo descendió sobre Él en forma de Paloma y el Padre habló desde el cielo: este es mi Hijo muy amado.
Bautismo significa inmersión, sumergirnos en el Espíritu Santo, convertirnos en nuevas criaturas. No es una cuestión de "bañarse con agua" sino de que el Espíritu Santo tome posesión de nosotros para que el Padre diga desde el cielo, este es mi hijo muy amado.
Todas las alternativas de su Bautismo el Señor las comentó con María en Galilea, si es que Ella no estuvo presente en el Jordán.

sábado, 2 de enero de 2016

LA ADORACIÓN DE LOS MAGOS


En su lejana patria oriental –tal vez Arabia, o Persia–, los magos habían visto una estrella y concluyeron que había nacido el Rey de los judíos. ¿Qué era esa estrella? Hay estudios, más o menos científicos al respecto, pero no es momento de citarlos ahora. Baste decir que los magos dedujeron que se vinculaba con la presencia del Señor de los tiempos, que vendría al mundo en Palestina. Este hecho justificaba los miles de kilómetros que recorrieron para ver al Niño recién nacido. En la Escritura no se dice que la estrella haya guiado a los magos a lo largo de todo su viaje desde Oriente, pero ellos fueron a Jerusalén porque era la capital del pueblo judío y allí debía haber nacido el Rey. Eso sí, al salir del palacio de Herodes volvió a aparecer la estrella, que los condujo hasta Belén, al sitio donde se encontraba el Niño con su Madre. San Mateo señala que entraron en la casa y le adoraron, postrándose. De hinojos.
Al igual que la estrella que vieron los magos, la Iglesia nos invita a salir al encuentro de Cristo vivo, para adorarlo. Nuestra historia de algún modo repite la de los magos. Por el Bautismo, Jesús ha nacido en nosotros; al encontrarnos con el Niño, descubrimos que María está a su lado. El Señor ha querido que la Virgen estuviera asociada a la Redención; que no solo diera a luz a Jesús, sino que también lo acompañara a Él de diversas maneras, a lo largo de su andar terreno. Ella le entregó a San José el Niño, nacido de sus entrañas purísimas; Ella se lo mostró a los pastores y a los magos; Ella, en fin, es la que nos lo sigue mostrando.
Buscar a Jesús es encontrarnos con María, que nos lo da, y buscar a María es encontrarnos con Jesús.
Que la fiesta de la Epifanía sea un encuentro con el Rey de reyes, y con su Madre, que está a su lado. Así aparece en los Pesebres.

domingo, 27 de diciembre de 2015

EL BESO AL NIÑO JESUS

Me dijeron que un sacerdote santo, por problemas físicos, no podía agacharse y dar el beso al altar, al comenzar y terminar la Santa Misa. Más aun, le dijo a un colega que cada vez que lo hiciera, lo haga también por él, que estaba impedido.
La persona que me contó esto agregó: "Lo del beso en el altar fue lo que me abrió el corazón a Jesus. Cuando lo hacen pausado y con amor, es algo fantástico! Ahí fue cuando me cayó la ficha! Y le dije: ¡yo quiero ese Amor! Y el 6 de octubre me lo regaló! Una pena que no todos lo hagan así".
Le contesté que desde ese momento besaría el altar con más amor. No sabemos los efectos de una ceremonia litúrgica bien vivida.
En este tiempo de Navidad, acostumbramos a besar al Niño Jesús. No quiero que sea un beso más..., ni menos el beso del traidor que dejó marcada la mejilla de Jesús. Quiero besar al Niño con amor.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Cristo Rey!!!

El proceso de Jesús ante Pilato, conocido por la lectura que pudimos hacer del evangelio, es un proceso sobre la realeza de Jesús. En las intervenciones de Pilato resalta que lo que está en juego es la condición real de Jesús.
En varias escenas se menciona esa condición: ¿Eres tú el Rey de los judíos?; ¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos?; ¿A vuestro Rey voy a crucificar?.
También se hace referencia a la realeza de Jesús mediante la burla: Salve, Rey de ...los judíos, y le clavan la corona en la cabeza, le entregan un cetro, al mismo tiempo que le hacen reverencias, irreverentes.
Pilato presenta al “hombre” -he aquí al hombre- desfigurado, ante la vista de los “súbditos”. No se da cuenta que ya está él siendo juzgado.
Pilato se cuestiona esa condición real: ¿De dónde eres tú? Pero en todo momento queda claro que el reino de Jesús no es político ni es de este mundo. Así lo reconocen las autoridades judías que desean que Jesús muera por haberse hecho Hijo de Dios. Pilato, por su parte, confesará la realeza de Jesús en el rótulo que ordena colocar en la cruz, en tres idiomas, para que todo el mundo entienda que Jesús es el Rey del universo.
Sí, queremos que éste reine sobre nosotros; porque es el reino de la verdad. Los magos se arrodillaron para adorarle, después que lo hicieron los pastores. Nosotros también adoramos al Rey.

domingo, 15 de noviembre de 2015

ESTAD PREPARADOS

Estad también preparados porque a la hora que menos pensáis vendrá el Hijo del Hombre, es una advertencia del Señor a estar vigilantes hasta que Él vuelva al final de los tiempos. En realidad, el regreso de Jesús se da en una doble oportunidad: al final de nuestros días -encuentro personal-, y luego, en el juicio universal.
Respecto a nuestra muerte, nadie nos puede indicar cuál va a ser el momento exacto, ni siquiera nos sirven las experiencias ajenas. No sabemos cuándo, cómo, ni dónde.
¿Cuándo será el juicio universal? No hay respuesta porque queda oculto a los ojos humanos, ya que no sabemos ni el día ni la hora.
Algunos piensan que el reino llegará al final y no hay otra cosa que hacer mientras tanto, que esperar ese desenlace. Sin embargo, nosotros creemos que Jesús está aquí, a nuestro lado, acompañándonos en todas las circunstancias de la vida, de distintas modos.
Esto significa que el reino se va desplegando a lo largo de nuestra biografía, es decir, se va manifestando gradualmente en la vida.
«¿Qué es lo que da temple a un cristiano? ¿Qué es lo que enrecia su encarnadura para soportar las tallas, las muescas y los trallazos del vivir? ¿Qué es lo que, a fin de cuentas, le distingue de los demás hombres? Sin ninguna duda: la esperanza. Un cristiano es un hombre fiado a su esperanza. Todos los auténticos bienes -los bienes sin código de barras ni fecha de caducidad- los tiene al otro lado de la vida. Y hacia allá se encamina. En definitiva, pues, un cristiano es un hombre que acude a una cita. Y su vivir es un ‘vivir preparándose’ para esa estación terminal. Pero importa decir que la esperanza del cristiano no es una nostalgia de paraísos perdidos. Es una certidumbre de cielos apalabrados que, de no ser reales, dejarían a Dios por embustero. Y contra esa certeza -más firme que una muralla de diamante- se estrellan los acobardamientos, las angustias, los miedos». Felices los que esperan al Señor.
Un amigo, escritor y poeta, escribió este poema para recordar la muerte de su mujer. Te lo comparto porque me ha hecho mucho bien.

POEMA EN DOS TIEMPOS
Las cosas están bien en casa,
nos hemos levantado con la conciencia en paz.
Comienza una jornada de la vida que pasa,
y paladeo el momento de su curso fugaz.
Contamos con trabajo y, empleado con mesura,
nos alcanza el dinero para pagar el pan,
la sal, el vino, el diario, la carne, la verdura,
la ropa y el tabaco, la cuota de algún «plan».
Las paredes sostienen el techo con firmeza,
hay agua en las canillas y en las hornallas, gas.
Al abrir las ventanas penetra la tibieza,
de un sol que toma impulso, para otro viaje más.
Sin embargo no ignoro que el instante que vivo,
sólo es eso, un instante, la gota de un caudal,
que fluye incontrastable y a la vez relativo,
hacia el tiempo sin tiempo que será su final.
Lo sé pero no quiero que se termine el día,
sin una acción de gracias a Quien nos quiere dar
esta nueva mañana con salud y alegría,
con la conciencia limpia, con paz en el hogar.
* * *
Di principio a estos versos en otras circunstancias,
-mi mujer parecía curada de su mal-,
mas, Señor, pese a ello, que sirvan de constancia,
respecto a aquel momento que te agradezco igual.
Y aunque ella ya no rija nuestro orbe cotidiano,
no obstante los silencios de esta gran soledad,
comprobamos a diario la influencia de su mano,
cuidándonos a todos desde la eternidad.

sábado, 7 de noviembre de 2015

El óbolo de la viuda: virtudes falsas; virtudes verdaderas.

La lucha por ser santos se cristaliza en la búsqueda de las virtudes verdaderas. Y destaco lo de verdaderas, porque hemos de tener presente que hay virtudes verdaderas y virtudes falsas.
Las segundas son parecidas a las primeras, pero no iguales; al examinarlas de cerca, se descubre que no se diferencian demasiado de cualquier vicio.
La cizaña es una mala hierba que crece en las mismas zonas que el trigo. Inicialmente, ambas son muy parecidas, pero al crecer y formar espigas se distinguen. Tal vez por eso Jesús dice que es necesario dejar crecer la cizaña antes de cortarla, para que se la pueda reconocer y no se corte por error también el trigo .
Así sucede con las virtudes falsas y las verdaderas, que a veces resultan difíciles de distinguir. En este sentido, cada uno de nosotros debe ser un tanto crítico consigo mismo, porque de lo contrario puede llegar un momento que no sabremos qué es lo que buscamos: ¿virtudes verdaderas o falsas? Con un simple manotazo argumental, cambiamos el nombre a los vicios y los convertimos en virtudes: a la agresividad la llamamos franqueza; a la superficialidad, espontaneidad; a la pereza, prudencia; a la avaricia, frugalidad…
Cada noche, al hacer el examen de conciencia, debemos procurar detectar los vicios con piel de oveja, no sea cosa que un buen día nos desayunemos con la sorpresa de que hemos luchado con empeño por adquirir auténticos vicios, en vez de verdaderas virtudes.
Hipócrita es el que cosecha con esfuerzo su propia miseria, como los fariseos. Tenemos que buscar el buen trigo, el buen alimento, desandando, si es necesario, el camino que se haya seguido de manera equivocada. Nuestras virtudes deben ser firmes y sólidas, estar bien arraigadas. Porque si digo que tengo esperanza, pero me pongo nervioso ante cualquier contratiempo qué clase de esperanza es? O si considero que lucho por vivir la caridad, pero de buenas a primeras critico al que hasta hace un momento se encontraba a mi lado ¿dónde está la caridad que creo buscar? O me tengo por una persona paciente, pero soy incapaz de olvidar cualquier contrariedad, por más pequeña que sea. ¿No soy más bien un rencoroso?
Un esposo fue a visitar a un sabio consejero y le dijo que ya no quería a su esposa y que pensaba separarse. El sabio lo escuchó, lo miró a los ojos y solamente le dijo una palabra:
—Ámela. —Luego se calló.
—Pero es que ya no siento nada por ella.
—Ámela —insistió el sabio. Y ante el desconcierto del señor, después de un oportuno silencio, agregó:
—Amar es una decisión, no un sentimiento; amar es dedicación y entrega. Amar es un verbo y el fruto de esa acción es el amor. El amor es un ejercicio de jardinería: arranque lo que hace daño, prepare el terreno, siembre, sea paciente, riegue y cuide. Esté preparado porque habrá plagas, sequías o excesos de lluvia, mas no por eso abandone su jardín. Ame a su pareja, es decir, acéptela, valórela, respétela, dele afecto y ternura, admírela y compréndala. Eso es todo. Ámela.
El esposo tal vez pensaba que al separarse de su esposa lo que hacía era poner de manifiesto que él era un hombre auténtico; por ello, se trataba de un gesto virtuoso. Pero no hay virtud verdadera donde falta la búsqueda de la santidad. La autenticidad del esposo era tan solo un engaño, una virtud falsa. Luchemos por alcanzar la auténtica virtud y no las falsas.

sábado, 31 de octubre de 2015

FIESTA DE TODOS LOS SANTOS!


"Parece ser que todos los santos que tienen disposiciones literarias acaban escribiendo su vida. Tal es el caso de san Agustín, santa Teresa de Jesús y santa Teresita de Lisieux, por citar a los primeros que me vienen a la memoria, y podría ser también el mío. La diferencia estriba en que esos santos escribieron sus vidas a instancias de sus confesores, y luego se
confirmó el acierto puesto que subieron a los altares. Mi caso es distinto; ni mis co...nfesores me han pedido semejante cosa, ni está muy claro que yo vaya a ser santo. Las únicas que creen que puedo serlo son algunas de mis hijas pequeñas, y el Concilio Vaticano II. Las primeras lo creen por la gran paciencia que he tenido con todas ellas —ha habido épocas de mi vida que he llegado a convivir yo solo con siete mujeres, incluida mi suegra—
soportando sus discusiones sobre prioridades en el uso del teléfono y prendas de vestir sin un mal gesto; y el Concilio Vaticano II, también lo cree por definición magisterial. Según la Lumen gentium todos los fieles cristianos estamos llamados a ser santos, desde el lugar que ocupemos en la sociedad. ¿Por qué no puedo yo ser uno de ellos? Los primeros cristianos lo tenían esto más claro y por eso san Pablo dirigía sus cartas a los santos de tal iglesia o de tal otra; es decir, a los cristianos de Éfeso, de Corintio o de Roma. Ahora, la mayoría de los cristianos suelen tener aspiraciones más
modestas; se conforman con un rinconcito en el Cielo. Quizá olvidan que para disfrutar de ese rincón, por minúsculo que sea, hace falta ser santo, bien porque consigas salir de este valle de lágrimas, siéndolo ya, bien porque satisfagas el resto de la deuda en el Purgatorio. Pero en el cielo se entra sin cuentas pendientes y, por ende, santo; o sea que todas las personas que no van al infierno son santos. Eso tranquiliza a los numerosos cristianos que, hoy en día, no creen que existe el infierno. Respecto de éstos yo entiendo que, con suerte, lo más que pueden aspirar es a entrar en el limbo, por despistados.
La Iglesia nos recuerda, con prudencia no exenta de insistencia, que existen un Cielo y un Infierno, pero así como no osa decir quiénes están en los avernos, se atreve a afirmar gozosamente el sinnúmero de cristianos y gentes de buena voluntad que disfrutan del Cielo. A los más destacados, y que pueden servir de ejemplo a los demás, los relaciona en el Santoral; al resto los conmemora el día uno de noviembre, festividad de Todos los santos. Estos últimos son millones, ¿por qué no voy a ser yo uno de ellos?
Caso de que se admita tal hipótesis, este libro sería una especie de memorias de una época y de una persona que luchó por ser un santo de los del día uno de noviembre también llamados, impropiamente, del montón. Digo impropiamente porque para Dios no hay santos anónimos ni del montón, pero nos entendemos".
José Luis Olaizola, Un escritor en busca de Dios.

sábado, 17 de octubre de 2015

Los primeros lugares!!!

«Dos discípulos de nuestro Señor, los santos y magníficos hermanos Juan y Santiago, según leemos en el evangelio, desearon que el Señor les concediese el sentarse en su reino uno a la derecha y otro a la izquierda. No anhelaron ser reyes de la tierra, no desearon que les otorgase honores perecederos, ni que los colmase de riquezas; no desearon verse rodeados de numerosa familia, ni ser respetados por súbditos, ni ser halagados por aduladores; sino que pid...ieron algo grande y estable: ocupar unos asientos imperecederos en el reino de Dios. ¡Gran cosa era la que desearon! No fueron reprendidos en su deseo, pero sí encaminados hacia un orden. El Señor vio en ellos un deseo de grandeza y se dignó enseñarles el camino de la humildad, como diciéndoles: ‘Daos cuenta de lo que apetecéis, daos cuenta de que yo estoy con vosotros; y yo, que os hice y descendí hasta vosotros, llegué hasta humillarme por vosotros’. Estas palabras que os narro, no aparecen en el evangelio; sin embargo expresan el sentido de lo que en él se lee». (San Agustín)
A veces Jesús se refiere al reino de los cielos como un banquete, es decir, como una comida, pero con un significado más profundo de lo que nos imaginamos: entraré a él, y cenaré con él y él conmigo (Ap 3, 20).
A ese último encuentro todos estamos llamados, y sí, ¡para ocupar los primeros puestos!, pero paradójicamente para eso hay que tener pobreza de espíritu, porque la humildad no deja que yo me crea importante y con derecho a ocupar los primeros lugares en el reino de los cielos.
Sigue diciendo San Agustín: «¿Quieres ser grande? Comienza por lo ínfimo. ¿Piensas construir una gran fábrica en altura? Piensa primero en el cimiento de la humildad. Y cuanta mayor mole pretende alguien imponer al edificio, cuanto más elevado sea el edificio, tanto más profundo cava el cimiento. Cuando la fábrica se construye, sube a lo alto; pero quien cava fundamentos se hunde en la zanja. Luego la fábrica se humilla antes de elevarse y después de la humillación se remonta hasta el remate».
San Juan de la Cruz en la Subida al Monte Carmelo lo dice de modo plástico:
“Para venir a gustarlo todo,
no quieras tener gusto en nada.
Para venir a saberlo todo,
no quieras saber algo en nada.
Para venir a poseerlo todo,
no quieras poseer algo en nada.
Para venir a serlo todo,
no quieras ser algo en nada.
Para venir a lo que no gustas,
has de ir por donde no gustas.
Para venir a lo que no sabes,
has de ir por donde no sabes.
Para venir a poseer lo que no posees,
has de ir por donde no posees.
Para venir a lo que no eres,
has de ir por donde no eres».

sábado, 10 de octubre de 2015

TU SIGUEME!

A lo largo de la vida pública de Jesús, mucha gente se le acercaba para plantearle algún problema en general de difícil solución. Pero las respuestas del Señor, no sólo resolvían las cuestiones concretas, sino que se proyectaban en el tiempo como doctrina aplicable a todos los cristianos, y, lógicamente, a nosotros también. Por eso nos interesa mucho la pregunta del joven rico: ¿qué haré para heredar la vida eterna?
Marcos dice que era una persona que había cumplido con todos los mandamientos desde la juventud, pero, ¿eso es suficiente para entrar en el reino de los cielos? Yo, ¿me estoy ganando el cielo o necesito hacer algo más de lo que estoy haciendo?
El hombre se le acercó a Jesús «corriendo» porque, se ve, tiene prisa por preguntar. Movido por la ansiedad quería una respuesta pronta, a una cuestión que le urgía. A nosotros también nos urge.
Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo. Luego, ven y sígueme.
Él se fue insatisfecho. Lo que le han dicho no colma sus expectativas porque poseía muchos bienes, y se alejó de Jesús.
Cuando no me gusta lo que me dicen en la dirección espiritual o acompañamiento, me voy, incluso lejos de aquel ante quien hace un instante me arrodillé pidiendo confesión. Quizá tengamos que pensar en la rectitud de intención, y no esperar que Jesús nos diga lo que nosotros queremos oír.
Parece ser que no es suficiente cumplir con los mandamientos con más o menos entusiasmo, sino que hace falta dar un paso más, vender todo lo que tenemos y darlo a los pobres, participar con los demás de nuestra riqueza, sobre todo con los más necesitados.
Y aún así, el Señor agrega, luego ven y sígueme. Despojarnos de los bienes no es todo, sino una condición, porque lo más importante es seguirlo a Jesús, pero no como quien va detrás, sino estableciendo un vínculo afectivo fuerte, de intimidad, de amor. El Señor lo quiere todo de nosotros.
«Si me preguntáis cómo se nota la llamada divina, cómo se da uno cuenta, os diré que es una visión nueva de la vida. Es como si se encendiera una luz dentro de nosotros; es un impulso misterioso, que empuja al hombre a dedicar sus más nobles energías a una actividad que, con la práctica, llega a tomar cuerpo de oficio. Esa fuerza vital, que tiene algo de alud arrollador, es lo que otros llaman vocación» (San Josemaría).

sábado, 12 de septiembre de 2015

¿QUIEN DICEN QUE SOY YO?

Jesús se aparta del territorio judío, o se acerca a los límites de la región de los gentiles. Cesarea de Filipo es una localidad que se encuentra en la ladera sur del monte Hermón, bien al norte de Palestina, junto a donde nace el río Jordán.
En el camino hacia esa ciudad Jesús les pregunta a sus discípulos lo que la gente opina de Él.
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino, preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que soy yo? Ellos le contestaron: Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas. Él les preguntó: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Pedro le contestó: Tú eres el Mesías.
Las respuestas parecen decepcionar bastante ya que hay opiniones de todo tipo entre los judíos: Juan el Bautista, Elías o alguno de los profetas. Pedro es el que, bajo inspiración, acierta a decir el Mesías.
Nosotros, ¿qué respuesta hubiésemos dado? ¿A quién seguimos? ¿Al Cristo del que pretendemos milagros, al líder político, al triunfador reconocido socialmente? Ninguno de ellos me habla de abrazar la Cruz. En cambio cuando Pedro le dice que Él es el Mesías, Jesús comenzó a hablarles de la Pasión.
Es importante seguir al verdadero Jesús, no al que el mundo dice que es, ni al que me separa de la Cruz, porque el que quiera salvar su vida la perderá.
La verdadera imagen de Jesús se descubrirá cuando empiece a hablar de su misión que es la de vivir y morir por la salvación de los hombres. Seguir a Cristo es caminar por donde Él camina, es decir, hacia Jerusalén, como cuando Él caminaba de prisa y les llevaba la delantera porque ellos tenían miedo.
«Señor, que yo me decida a arrancar, mediante la penitencia, la triste careta que me he forjado con mis miserias... Entonces, sólo entonces, por el camino de la contemplación y de la expiación, mi vida irá copiando fielmente los rasgos de Tu vida. Nos iremos pareciendo más y más a Ti. Seremos otros Cristos, el mismo Cristo, ipse Christus» (San Josemaría, Via Crucis, VI).

miércoles, 9 de septiembre de 2015

La Natividad de María


Si en brazos de Dios nacéis,
¿quién sois, niña soberana,
que para casa tan pobre
parecéis muy rica Infanta?


Tres veces catorce dicen
los deudos de vuestra casa,
que son las generaciones
de vuestra sangre preclara.

La primera es de Profetas
y divinos Patriarcas,
desde Abrahán a David,
de quien seréis torre y arpa.

De Reyes es la segunda, desde
David a que salgan de
Babilonia a Sión, y vuelvan a
honrar el arca.

Desde este tiempo hasta el día
en que Cristo de vos nazca,
otra que es de Sacerdotes,
de quien vos seréis la vara.

Torre y arca, vara sois en tan
ilustre prosapia, supuesto
que para, esposo un
carpintero os señalan.

Debe de ser que Dios quiere,
que hecha carne su palabra,
viva en cada, donde vea labrar
maderos y tablas.

O porque, si sois, Señora, arca,
en que el mundo se salva, como
divino escultor os halle el hombre
en su casa..

Cielos y tierras se alegran,
cuando nacéis, Virgen santa, por
su hija el Padre Eterno, por quien
se goza y se agrada.

El Hijo, viendo a su madre tan
buena, que de llamarla su
madre no se desprecie, ni de
entrar en sus entrañas.

El Espíritu divino de ver la
esposa que ama, de suerte
que ya comienza a cubrirla
con sus alas.

Los ángeles por su Reina, los
cielos por su luz clara, el sol por
su hermosa frente, y la luna por
sus plantas.

Los hombres por su remedio,
porque hasta vuestra mañana no
podía el sol salir, y en oscura
noche estaban.

Según esto, vos nacéis para
ser vara en las aguas, torre
fuerte en los peligros, y en el
diluvio arco y arca.

Pues vengáis a vuestra aldea,
Madre, llena de gracia, muchas
veces en buen hora, día que
nacéis con tantas.

Conoced vuestros pastores,
que todos os dan las almas, mientras
os da el cielo estrellas, para
mantillas y fajas.

Lope de Vega

domingo, 6 de septiembre de 2015

Palabras de Fernando López de Zavalía en la presentación del libro "Que te conozcan a Ti".



Conozco al Padre Salvador desde hace unos 35 años, cuando todavía no eran sacerdote, sino un joven abogado que ejercía su profesión en Tucumán, y al que simplemente llamábamos “Salva”.
Con ello quiero aclarar que no poseo ningún mérito para hacer esta presentación, salvo tal vez mi “antigüedad en la matrícula”, entre sus conocidos en esta Provincia, a la que se siente tan vinculado.
Después se doctoró en Navarra, se ordenó sacerdote, y años más tarde retornó a Tucumán para ejercer su Ministerio aquí, por un breve tiempo. Y si he aceptado hacer esta presentación no es porque crea ser la persona indicada, sino simplemente para no dejar pasar la ocasión de sacarme una foto a su lado, porque mucho me temo que cuando alcance la jerarquía de Monseñor, ya no pensará en mi persona para este tipo de acontecimientos.

II.-

El título del libro que estoy presentando – Que te conozcan a Ti- dice mucho – casi todo- sobre su contenido. Es un libro que invita, desde sus primeras líneas, a conocer a Jesús. Y con ello queda claro que, para quienes creemos en la Divinidad de Cristo es un libro de oración, porque para un cristiano es prácticamente imposible conocer a Cristo sin estar haciendo, simultáneamente, oración.
Es un libro que invita, respetando la libertad personal, porque como bien se ha dicho, "la fe no se impone ni se supone, se propone", y el mismo autor nos recuerda que “la violencia, interior o exterior, nunca ha sido el camino hacia la verdad”
E incluso, nos ilustra esta idea con la imagen del cuadro de William Hunt llamado “la luz del mundo”, donde se representa a Jesucristo golpeando a su puerta, y sobre el cual su autor nos dijera:
"He pintado el cuadro por lo que yo pensaba – a pesar de lo indigno- era por un mandato divino, y no simplemente como un buen tema. La puerta de la pintura no tiene picaporte, y por lo tanto sólo se puede abrir desde el interior, lo que representa «la mente obstinadamente cerrada»…”
Porque si hay algo que deja claro a lo largo de todas sus páginas, es que el camino hacia el encuentro de esa Verdad – con mayúsculas- es personal e intransferible; pasa por los insondables vericuetos de nuestra existencia individual, con todas sus virtudes y miserias, o para decirlo con palabras de León Felipe:

Nadie fue ayer,
ni va hoy,
ni irá mañana
hacia Dios
por este mismo camino
que yo voy.
Para cada hombre guarda
un rayo nuevo de luz el sol...
y un camino virgen
Dios.


III.-


Pero erraría quien pensara que se trata de un libro dirigido solamente a los creyentes. Por el contrario, estoy convencido que sus páginas tienen mucho que decir a quienes son “amusicales en asuntos de religión”, para emplear una expresión con la que el gran sociólogo de la religión Max Weber se calificara a sí mismo – y que más adelante también empleara Habermas- porque invita a todo hombre a reflexionar sobre cuestiones últimas de sentido y fundamento de su existencia.
Y ello no me sorprende en manera alguna, ni creo que pueda sorprender a nadie. Teológicamente Cristo es “el Verbo de Dios” encarnado, el Logos, es decir la Palabra – con mayúsculas- que ha tomado forma humana, para habitar en medio de los otros hombres.
En el mundo de los hombres, las palabras son signos lingüísticos, portadores de significados. Y por ello, intentar dar a conocer a “la Palabra”, es invitar al lector a reflexionar sobre cuestiones últimas de sentido de su existencia.
Por ello es que Henri de Lubac enunció en 1938, aquél principio según el cual «Cristo revela el hombre al propio hombre»[1], que luego recogiera la Constitución Dogmática Gaudium et spes del Concilio Vaticano II, promulgada en el año 1965[2].
Una reflexión sobre las palabras y “la Palabra”, es imperiosa en los tiempos presentes, porque como ya lo advirtiera Ortega y Gasset allá por el año 1939, hoy en día «Casi todo el mundo está alterado, y en la alteración el hombre pierde su atributo más esencial: la posibilidad de meditar, de recogerse dentro de sí mismo para ponerse consigo mismo de acuerdo y precisarse qué es lo que cree; lo que de verdad estima y lo que de verdad detesta. La alteración le obnubila, le ciega, le obliga a actuar mecánicamente en un frenético sonambulismo»[3].
Y me refiero a una reflexión sobre las palabras y “la Palabra”, porque desde aquél infeliz momento que la Biblia describe al narrarnos el episodio de la torre de Babel – sobre el cual también discurre la obra que estoy presentando- el hombre perdió la unidad del lenguaje, no solo en lo que atañe a los signos, sino también en lo referido – lo que es más grave y preocupante- a los significados, y una meditación serena y sin prevenciones sobre “la Palabra”, puede ayudar a recomponer esa unidad, aún para aquellos que se declaren “amusicales en asuntos de religión” [4].
En la meditación, en la reflexión el hombre busca respuestas que son vitales para su existencia, y por eso aquél poeta cordobés – Jorge Vocos Lescano- escribió alguna vez que en la voz del hombre sin respuesta, se apagaba el mundo en su melancolía[5]
La falta de reflexión, de meditación, conduce al vacío de palabras, es decir a la ausencia de significados, a la falta de sentido.
Y el sinsentido lleva a la alienación, porque el hombre solamente es dueño de sí mismo, cuando se posee en su sentido más profundo.
La alienación es una de las tantas formas que asume eso que los hombres hemos denominado “locura”. El vacío de palabras, la ausencia de significados, lleva al hombre a aquella alteración, que al decir de Ortega y Gasset “le obnubila, le ciega, le obliga a actuar mecánicamente en un frenético sonambulismo”.
Y quizás, fue de algún modo intuyendo esto que Federico García Lorca, en aquél soneto en que el poeta le pedía a su amor que le escribiera, concluía su poema con estos versos:

Llena pues de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura

Adviértase que, como todo buen poeta, García Lorca no razona discursivamente, pero intuye muy bien verdades profundas a las que sólo podría arribarse tras largos razonamientos; no dice por ello “déjame vivir en la serena”, sino “déjame vivir en mi serena”, para luego agregar “noche del alma para siempre oscura”, con lo cual queda claro que alude a un espejismo, porque la ausencia de palabra, de logos, conduce en definitiva a la aparente – pero muy peligrosa- serenidad de la noche del alma para siempre oscura…..
Por todo ello invito – a los creyentes, y a los no creyentes- a leer y meditar esta obra a fin de reflexionar serena y pausadamente sobre las palabras y “la Palabra”

[1] Henri. DE LUBAC: Catolicismo. Aspectos sociales del dogma. Ediciones Encuentro, Madrid 1988, 238 y ss. Dice allí: «Cristo, al revelar al Padre y ser revelado por Él, acaba de revelar al bombre a sí mismo. Al tomar posesión del bombre, asiéndole y penetrándole hasta el fondo de su ser, le fuerza a descender también a él dentro de sí para descubrir de repente en su propio interior regiones hasta entonces insospechadas. Por Cristo, la Persona es adulta, el Hombre emerge definitivamente del universo, toma plena conciencia de sí... Por la revelación cristiana, no solamente adquiere profundidad la mirada que el hombre dirige sobre sí, sino que al mismo tiempo se ensancha la que dirige a su alrededor... La Imagen de Dios, la Imagen del Verbo, restaurada por el mismo Verbo encarnado y a la que presta su esplendor, soy yo mismo, es el otro, es cualquier otro»
[2] Const. GS, n° 22: «Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación»
[3] ORTEGA Y GASSET: El hombre y la gente, texto de la primera lección, que en su mayor parte, corresponde a la primera de las profesadas en Buenos Aires, en 1939, y fue publicada en el libro titulado Ensimismamiento y alteración. Meditación de la técnica, Espasa-Calpe Argentina, Buenos Aires, 1939.
[4] Dice por ejemplo Jürgen HABERMAS: «Y así hoy, católicos y protestantes, cuando reclaman para el óvulo fecundado fuera del seno materno el estatus de un portador de derechos fundamentales, hacen la tentativa (quizá algo apresurada) de traducir el carácter de imagen de Dios que tiene la creatura humana al lenguaje secular de la constitución política. La búsqueda de razones que tienen por meta conseguir la aceptabilidad general, sólo dejaría de implicar que la religión queda excluida inequitativamente de la esfera pública, y la sociedad secular sólo dejaría de cortar su contacto con importantes recursos en lo tocante a creación y obtención de sentido de la existencia, si también la parte secular conservase y mantuviese vivo un sentimiento para la fuerza de articulación que tienen los lenguajes religiosos. Los límites entre los argumentos seculares y los argumentos religiosos son límites difusos. Por eso la fijación de esos controvertidos límites debe entenderse como una tarea cooperativa que exige de cada una de las partes ponerse también cada una en la perspectiva de la otra […] El commonsense democráticamente ilustrado no es ninguna entidad singular, sino que se refiere a la articulación mental (a la articulación espiritual) de un espacio público de múltiples voces. Las mayorías secularizadas no deben tratar de imponer soluciones en tales asuntos antes de haber prestado oídos a la protesta de oponentes que en sus convicciones religiosas se sienten vulnerados por tales resoluciones; y debe tomarse esa objeción o protesta como una especie de veto retardatorio o suspensivo que da a esas mayorías ocasión de examinar si pueden aprender algo de él» (Fe y Saber. 2001 [Discurso de agradecimiento pronunciado por Jürgen Habermas en la Pauslkirche de Frankfurt el día 14 de Octubre de 2001, con motivo de la concesión del “premio de la paz” de los libreros alemanes]…)
[5] El poema de este autor que leí hace muchos años, describía el drama del hombre en su búsqueda de un Dios que ya había dejado de hablarle – tal vez en castigo por su primitiva sordera, o buscando forzar su insistencia- y concluía expresando que en la voz del hombre sin respuesta, se apagaba el mundo en su melancolía.... Lamentablemente, no pude acceder a la obra que contenía dicho texto al momento de efectuar esta presentación.

sábado, 29 de agosto de 2015

Del corazón del hombre salen las malas intenciones

Los fariseos, cuyo origen no se conoce con certeza, eran un partido o secta dentro del judaísmo que lograron imponer su interpretación de la Escritura o la Ley, de modo oficial. Existieron hasta el siglo II d.C. Especialmente cuidadosos de la tradición judaica, añadieron a la Ley muchos preceptos que ni ellos mismos cumplían, aunque se rasgaban las vestiduras si otros no lo hacían.
No se llevaron muchos elogios por parte del Señor, que denunció sin eufemismos su hipocresía. Especialmente cuidadosos de las formas, descuidaban por el contrario el cumplimiento de los mandatos divinos, de corazón: "este pueblo me honra con los labios pero su corazón está lejos de mi".
Para contrarrestar el agobiante legalismo, Jesús les dice que del fondo del corazón salen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las injusticias, los fraudes, el desenfreno, las envidias, la difamación, el orgullo y la frivolidad.
El primer mandamiento de la Ley de Dios es amarlo con todo el corazón y con todas las fuerzas. El corazón y las fuerzas tienen que estar orientadas hacia Él porque si no serán el origen de muchas faltas y pecados, es decir, de faltas de amor. ¿Dónde tengo puesto mi corazón? A quién contaré mis penas mi dulce amor, a quién contaré mis penas sino a vos.
Cuando don Quijote se encontró con unos hombres que llevaban unos bultos cubiertos con unas sábanas, quiso saber qué era lo que estas ocultaban. Resultaron ser imágenes de santos. Al verlas, expresó su admiración hacia esos hombres, tan hombres como nosotros, que no dudaron en luchar por el bien más preciado al que podamos aspirar. Luego comentó:
"Por buen agüero he tenido, hermanos, haber visto lo que he visto, porque estos santos y caballeros profesaron lo que yo profeso, que es el ejercicio de las armas; sino que la diferencia que hay entre mí y ellos es que ellos fueron santos y pelearon a lo divino, y yo soy pecador y peleo a lo humano. Ellos conquistaron el Cielo a fuerza de brazos, porque el Cielo padece fuerza, y yo hasta agora no sé lo que conquisto a fuerza de mis trabajos".