martes 29 de noviembre de 2011

La serena mirada del sacerdote al que iban a fusilar

A ninguno que haya visto "La última cima", de la que hablamos en otra entrada, se le puede pasar desapercibido el momento en que un amigo del protagonista, Don Pablo Domínguez, va a visitarlo, y este le muestra una foto que tenía en su escritorio Se trataba de un sacerdote al que están por fusilar. La expresión de paz que tiene es tan impresionante que me interesé por esa foto y por ese sacerdote. Como ya se sabe, interesarse significa "rastrearlo" en internet. El resultado fue mayor del que me esperaba, pues me encontré con más información de la que me imaginaba. 
Por de pronto lo que dijo Don Pablo Domínguez sobre al foto: “La conseguí en Moscú, en un congreso. Me gustó y, al leer las frases del recuadro, me interesé mucho más. Es la fotografía de un sacerdote español, el Beato Martín Martínez, operario diocesano. Se la tomó un fotógrafo ruso que estaba entre los republicanos, durante la guerra civil española. Fijaos bien en su mirada firme, los brazos en jarras, seguro y valiente… Se la tomaron un segundo antes de fusilarlo” (Alfa y Omega, 16 de abril de 2009).
Don Martín Martínez Pascual
¿Quién este sacerdote? Es el Beato Martín Martínez Pascual nació en la provincia de Teruel y murió en Valdealgorfa, su pueblo natal, el 18 de agosto de 1936, a la edad de 25 años. Dijo antes de morir fusilado: “Yo no quiero sino daros mi bendición para que Dios no os tome en cuenta la locura que vais a cometer”.
La historia fue así. Cuando terminó el curso '35-'36, Don Martín hizo los ejercicios espirituales en Tortosa, del 26 de junio al 5 de julio. Después se fue a su pueblo de vacaciones donde le sorprendió la guerra. Debemos recordar que la Guerra Civil Española, y la persecución religiosa subsiguiente en la zona Republicana empezó el 18 de julio. 
El 26 de julio, avisado de que lo buscaban para matarlo, se escondió en casa de algunas familias amigas. Más tarde huyó a una finca a tres kilómetros del pueblo y se ocultó en una cueva.

El 18 de agosto por la mañana detuvieron a todos los sacerdotes que había en Valdealgorfa. Al no encontrar a Martín, encarcelaron a su padre. Inmediatamente, la familia envió recado a D. Martín para que escapara. Pero éste, en cuanto se enteró, echó a correr a toda prisa hacia el pueblo para presentarse al Comité. Un miliciano muy amigo le salió al paso, rogándole que huyera; pero Martín le dijo que no podía consentir que su padre padeciera por él y que quería correr la misma suerte que los demás sacerdotes. Ya ante el Comité, este miliciano todavía quiso salvar a Martín, diciendo que se trataba de un joven estudiante. Pero él confesó que era sacerdote y dio a su amigo un abrazo para que lo transmitiera a su familia. “Yo quiero morir mártir con mis compañeros”, decía.
Sólo estuvo unos minutos apresado. Inmediatamente lo llevaron a pie hasta la plaza del pueblo, donde lo subieron con otros cinco sacerdotes y nueve seglares a un camión camino del cementerio. Antes de llegar, en el camino, los mataron. Los colocaron de espaldas; pero Martín quiso morir de frente, como lo vemos en la foto. Antes de disparar, les preguntaron si deseaban alguna cosa. Martín respondió: “Yo no quiero sino daros mi bendición para que Dios no os tome en cuenta la locura que vais a cometer”. Y después de bendecirles añadió: “Y ahora que me dejéis gritar con todas mis fuerzas: ¡Viva Cristo Rey!”

Don Martín fue beatificado el 1 de octubre de 1995 con otros 8 Operarios Diocesanos. En la homilía de Beatificación dijo Juan Pablo II:
"Los nueve miembros de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos del Corazón de Jesús, que con Pedro Ruiz de los Paños y Angel a la cabeza, son beatificados hoy, fueron martirizados tras haber trabajado, conforme al propio carisma, en la formación de los futuros sacerdotes en diversos seminarios de España y de México. Entregados desde una honda espiritualidad sacerdotal al fomento de las vocaciones, como continuadores del celo apostólico del beato Manuel Domingo y Sol, su vida, coronada con la palma del martirio, nos recuerda la urgencia de este apostolado."


ORACION PARA OBTENER GRACIAS
Padre de bondad,
que con la sangre de tus sacerdotes
Pedro Ruiz de los Paños y compañeros,
fecundaste su labor apostólica,
orientada de manera especial a la formación sacerdotal,
concédenos, por su intercesión,
abundantes vocaciones para dispensar tus misterios,
fidelidad en el servicio de tu Reino,
y la gracia que te pedimos por su intercesión.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.