Encuentro de jóvenes profesores universitarios en el Escorial.
Hoy fue un día de muchísimas actividad, con lo que llegué al final del día agotado. Me desperté
a las 5.30 porque había quedado con Diego Pool -más conocido como el Payaso de Juan Pablo II- encontrarnos a las 6.15. Al llegar al garage nos dimos cuenta que el auto estaba sin batería, por lo
que tuvimos que ir en moto!! Yo, con el clergyman, el casco puesto, como corresponde, y los dos trajes académicos en la
mano, el suyo y el mío, por la M-30 de Madrid, a todo lo que da para llegar a las 6.58. Todo un espectáculo del que no hay registro.
Dejamos la
moto en la estación Chanmartín y nos subimos al tren que estaba previsto por la organización para llevar a los profesores hasta el Escorial: andén 15.
Aproveché para hacer la oración en el viaje mientras amanecía. Al llegar al Escorial nos esperaban unos ómnibus que nos llevaron hasta el Monasterio. Todo estuvo perfectamente organizado.
Dentro del Monasterio tuvimos que
pasar por algunos "filtros" de seguridad hasta llegar a un gran pasillo -no podría ubicarme- donde
nos cambiamos o nos pusimos el traje académico. Aproveché para rezar el Breviario, porque la espera era muy larga.
Primero nos
hicieron poner por colores conforme a la carrera, pero a los que no teníamos el modelo español nos mandaron para atrás. Si uno ve las fotos del Escorial, desde arriba comprende perfectamente que sea así. El color de Derecho Canónico es verde loro. Si bien mi doctorado es de la Universidad de Navarra, yo uso la toga de la Universidad de Montevideo, por tanto, formé parte del grupo de extranjeros o exóticos,
entre los que estaba uno de la Universidad de Estocolmo -frac y galera- y otros americanos o
italianos, etc. La representación uruguaya era de la Universidad de Montevideo –Bárbara Díaz y yo-.
Después de
tres horas de espera entró el Papa a la Iglesia del Escorial donde
tuvimos el acto que está en todos los medios, gracias a Dios. Momentos antes, en el patio, el Papa tuvo el encuentro con religiosas jóvenes, que nosotros seguimos por la pantallas y por el audio que llegaba hasta dentro. Fue muy emocionante al menos para mí ver tantas religiosas jóvenes, con su hábito perfecto, dando un testimonio de juventud, vitalidad y riqueza de la Iglesia, muy conmovedor.
Al entrar el Papa por el pasillo central, era muy difícil saludarlo pero Bárbara lo consiguió, detalle que no pasó desapercibido para El Observador de Montevideo.
De las palabras del Papa a los profesores me gustaría transcribir estas que me llegaron muy al fondo: En segundo lugar, hay que considerar que la verdad misma siempre va a estar más allá de nuestro alcance. Podemos buscarla y acercarnos a ella, pero no podemos poseerla del todo: más bien, es ella la que nos posee a nosotros y la que nos motiva. En el ejercicio intelectual y docente, la humildad es asimismo una virtud indispensable, que protege de la vanidad que cierra el acceso a la verdad. No debemos atraer a los estudiantes a nosotros mismos, sino encaminarlos hacia esa verdad que todos buscamos. A esto os ayudará el Señor, que os propone ser sencillos y eficaces como la sal, o como la lámpara, que da luz sin hacer ruido.
De regreso, por suerte conseguimos con Diego que nos llevaran en auto hasta Chanmartín. Después me enteré que fue un poco caótico, porque los trenes no daban abasto para evacuar tanta gente de una estación tan pequeña.
| El de verde claro es un profesor de Educación Física, español. El otro es un ingeniero portugués |
Me metí en un bodegón de la estación a matar el hambre que venía acumulando desde las 5.30 de la mañana: papas fritas, con panchos, pancetas y huevos fritos -quién me ha visto y quién me ve-, alentado por mi cuñada Stella que dice, aquí en España no pasa nada con los
fritos porque usan buen aceite.
De allí me fui al Colegio Mayor Castilla que no queda muy lejos, donde tuvimos meditación y Misa con los chicos uruguayos, y algunos otros del Colegio Mayor.
Después de confesar algunos chicos nos fuimos con todos los uruguayos al Via Crucis del Papa, en la Castellana.
El Metro era un
mundo de gente como nunca he visto, estaba colapsado y noté que los guardias de seguridad estaban nerviosos aunque los chicos seguían cantando algo inconscientes. Nada más bajar en la estación Alonso Martínez, pensé si aquí pasaba algo y nos
quedamos encerrados abajo, nos consumíamos el aire que hay. Estábamos en un verdadero
tubo.
Al salir a
la calle fue un alivio porque se pudo respirar. Tratamos con los chicos acercarnos a Colón pero no logramos más que quedarnos frente una pantalla gigante. Toda la gente
estaba sentada en el piso, pero al venir los bomberos y mojarnos hizo que se mojara el asfalto y tuvimos que levantáramos, con lo que no nos pudimos sentar más. Para mi fue mortal habida cuenta que no tengo 20 años. Iban por la segunda estación y me fui a
buscar un lugar para sentarme en algún rincón de la vereda. La gente de todos los países seguía al Vía Crucis sentada en el piso, sin ver nada, lejos de la Castellana, con el librito en la mano. La piedad de los jóvenes era conmovedora.
| Calle Génova |
Llegué a
casa después de ver en el Metro un hecho desagradable: un grupo de chicos mal entrasados de origen centro-americanos, con botellas de cerveza en la mano, diciendo guarangadas. Se metieron con unos italianos, pero gracias a Dios no pasó nada ni se metieron conmigo. Es posible que tuvieran algún arma. Pero lo que más me gustó fue la cara de los demás jóvenes de la JMJ que estaban en el Metro, que los miraban con compasión y tristeza, tanto italianos como
brasileños.

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