sábado 10 de diciembre de 2011

Testigos del amor a Jesús

De los cuatro domingos de Adviento, dos de ellos están dedicados a San Juan Bautista. En el domingo pasado hemos puesto la atención en él, y en este lo hacemos nuevamente, pero esta vez con un texto del Evangelio San Juan.
¿Cuál es la óptica con que se lo observa ahora? Sin duda lo que llama la atención hoy, es la distancia que hay entre el Bautista y el Mesías: "No era la luz"; "no soy el Mesías"; "ya que no eres ni el Elías ni el Profeta".
Pasados los años, algunos de sus discípulos continuaron venerándolo por encima de Jesús y aun hoy subsiste en oriente, la secta de los mandeos con características similares.
La intención del autor es darle al Bautista el verdadero lugar de "testigo", despojándolo de todos los otros títulos que vayan más allá de su condición. Todos los acontecimientos en los que San Juan pueda quedar enaltecido como un santo, pasan a un segundo plano o se omiten.
El testigo es el que da testimonio de lo que vio. A veces la gente se pregunta ¿quién puede ser testigo del matrimonio? Cualquiera que de testimonio que los novios/esposos prestaron su consentimiento. No me refiero al testigo cualificado, que debe reunir además otra condición, por otras razones. El testigo sólo tiene que tener la "capacidad" de dar fe, y haber presenciado los hechos...
Los primeros cristianos fueron testigos de Jesús, y dieron fe de su predicación, milagros, muerte y resurrección.  A lo largo de los siglos el Señor suscita en el seno de la Iglesia testigos que dan crédito de la presencia de Dios en el mundo. Sin duda que los santos son testigos, y su testimonio hace que la gente crea en Jesús, por eso provocan conversiones. Sirve de ejemplo esta anécdota de Juan Pablo II:
"Sucedió en la preparación del Congreso sobre la acción de los Católicos durante la Inquisición. Daría como fruto la petición pública de perdón por parte del Papa, por el daño causado por los católicos en relación a la Inquisición. Como es costumbre, se llamó a muchos expertos a Roma, sin distinción de religión, raza o sexo. Y allí apareció aquel historiador español, de religión protestante. Después de algunos días de ponencias y conclusiones, se invitó a una audiencia privada de los participantes con el Papa (era Juan Pablo II)...
Beato Juan Pablo II y la
Beata Teresa de Calcuta
Este hombre, al ser protestante, pensó que no había venido a ver al Papa, ya que había ido a un congreso. Por la noche le dio vueltas y no se atrevió a decírselo a su mujer, que compartía habitación con él, en el hotel. Total, que en contra de su opinión y creyendo contentar a su mujer, al día siguiente se desdijo y decidió apuntarse. Entonces, después de la clásica espera corta en la antesala, fueron llamados a la audiencia. Una vez dentro éste abrió los ojos y lentamente cayó de rodillas al suelo. Cuando su atónita mujer fue a ayudarle a levantarse dijo que no estaba viendo al Papa sino a Cristo. La audiencia entera fue para él un auténtico valle de lágrimas, y el que entró protestante salió católico. " (http://www.anecdonet.com/modules.php?name=News&file=article&sid=117)
Todos somos testigos de Jesús, en la medida que tengamos la experiencia de su presencia en nuestra vida, de la que podamos acreditar luego. La religión católica, no es una religión del libro que contiene preceptos que hay que cumplir sino es una relación personal con Jesús, un encuentro con una Persona. De allí que nuestra vida consiste en enamorarnos de Jesús -no portarnos bien, que es otra cosa- y contarles a los demás la experiencia que tenemos de ese amor, que, ciertamente es mutuo, porque El nos amó primero.